
La final de vuelta llegó y con ello, el Club Universidad Nacional cobijados por su hinchada, arribaron al estadio Olímpico Universitario para el último baile del Clausura 2026.
Ante un repleto recinto, Efraín sabía que debía ir por todas las canicas, era el duelo final, ese que sería la cereza en el pastel.
Un merecido final para la gran temporada que hicieron.
En su casa, con su gente era matar o morir.

Y así saltaron al campo dispuestos a dejar la piel en el campo, con su mejor 11, con la firme idea de mantener el candado atrás y salir al contragolpe y aprovechar los espacios que fuera dejando el rival.
Desde los primeros minutos el juego fue intenso, trabado pero la balanza estaba a favor del conjunto visitante, los celestes sabían las carencias defensivas auriazules y buscaban irse al frente, pero se toparon nuevamente con Keylor Navas, esa muralla universitaria que les rechazaba cada tiro.
Los minutos pasaba y el juego de fue equilibrando, en una jugada por izquierda Robert Morales envió el pase a Uriel Antuna que venía por derecha, este disparó pero el defensa rechazó.
Para sorpresa celeste, el balón quedó a modo para que Robert Morales, quien acompañó bien la jugada, soltará tremendo zapatazo haciendo gritara toda una afición el gol al minuto 31.

Pumas se veía más cómodo que el rival, pero las hostilidades seguían, al 35′ vino el primer lesionado, el celeste José Paradela después de un choque con Carrasquilla, quedó mermado y tuvo que ser reemplazado, dejando su lugar a Gabriel Fernández.
El juego continúo con la misma dinámica, Pumas tirado atrás esperando el contragolpe, y casi le sale.


Ya en los minutos de compensación, nuevamente Morales tendria el 2-0 en los pies pero su disparo fue detenido por Kevin Mier.
Se fueron al descanso, y en lo que parecía ser el mejor escenario universitario, paso a ser una pesadilla apesar de la fiesta y apoyo que había en tribuna después de un mágico y luminoso espectáculo de medio tiempo, arrancó la segunda mitad.
Los dos estrategas mexicanos mantenían la táctica, misma idea de juego y misma hambre de coronarse, la cuál transmitían a sus equipos.
Pumas seguía buscando hacer daño por bandas, y por lapsos lo lograba pero el centro no era preciso, por lo que se dejaban ir las oportunidades.

Al minuto 50, en una gran jugada de Rodrigo López envió el pase a Juninho, quien se quitó al defensa y remató haciendo cimbrar las redes otra vez, pero para desgracia local, el gol fue anulado ya que Vieira se ayudó con la mano en el control del balón.
Cómo dice el dicho, el que perdona pierde, y tan solo minutos después vino el gol del empate al minuto 54.
En un balón filtrado por izquierda de Carlos Rodríguez a Rotondi, este metió la diagonal al área, Alvaro Angulo en la labor defensiva despejó pero el balón pegó en el pecho de Rubén Duarte y el esférico terminó dentro de la portería.
El empate cayó como balde de agua fría y la moneda giró, tan solo 5 minutos después, en una jugada a media cancha, una barrida celeste dió en el pie de Adalberto Carrasquilla.
El panameño no pudo recuperarse y salió de cambio, entrando en su lugar Santiago Trigos.
La pelea continuo apesar de que Efraín había pedido a su orquestador, por más que intentaban recuperar el camino, éste era cuesta arriba.

El clavo en el ataúd.
Ya en minutos de compensación, Uriel Antuna dejó el campo tras ser expulsado.
En una jugada pegada a la línea de banda a media cancha, el lateral universitario llegó tarde y tras una plancha a Jeremy Márquez.
Inicialmente se había quedado en tarjeta amarilla, pero después de la revisión en VAR se determinó que la plancha era de roja.
Todos los presentes suponían que Efraín apostaría por el alargue, pero Rotondi tendría la decisión final.
Al 90+4, un disparo celeste de larga distancia impactó en la espalda de Álvaro Angulo, el balón quedó vivo y a modo para que el argentino Carlos Rotondi dejara ir el zapatazo dejando a Keylor Navas sin oportunidad de reacción.

Apenas se ya no tener tiempo ni gas Pumas seguía peleando, contra todo y contra todos pero no dió para más.
El árbitro pito y con ello la euforia celeste llegó.
Pumas cayó de pie, peleando hasta el final pero víctima de sus propias carencias, con lágrimas en los ojos y con el orgullo por delante se pararon frente a su gente que, aún vencidos, seguían apoyando a sus jugadores.
La sequía de títulos no se rompió pero se llegó mucho más lejos de lo que propios y extraños pensaron.
El torneo no se dió está vez, otra vez, pero la ilusión no muere.
Una vez más se demostró que ser de Pumas es irrenunciable.
