A veces el fútbol también tiene sentido del humor. Pumas llegó a Ciudad Juárez con dudas, con un arranque de torneo que todavía pesaba y con una afición que necesitaba volver a sentir algo más que paciencia. Y antes de que rodara el balón, hasta el clima quiso meter drama: una breve tormenta de arena apareció en la previa, generó dudas sobre el inicio del encuentro y le puso un ingrediente extraño a una noche que terminó siendo completamente auriazul.

Pero esta vez, entre polvo, ruido y expectativa, Pumas no se perdió. Al contrario: se encontró.
También había una mirada especial puesta en el arco. Después de la expectativa alrededor de Keylor Navas y su presencia en este partido, fue importante verlo nuevamente bajo los tres postes. Y para beneficio de Pumas, esta vez no tuvo que ser el héroe de la noche ni multiplicarse con atajadas imposibles: el equipo hizo su trabajo, lo protegió mejor y permitió que el partido se jugara mucho más lejos de su portería.
El equipo de Esteban Solari goleó 5-1 a FC Juárez en la Jornada 3 del Apertura 2026 y, por fin, dejó una sensación distinta. Después del golpe en el Fan Fest ante América de Cali, del duro 3-0 frente a Pachuca y de una reacción importante ante Toluca, hacía falta una noche así: contundente, seria, con goles, carácter y una respuesta que la afición universitaria llevaba días esperando.
Y sí, el marcador fue amplio, pero el primer gran momento llegó desde los once pasos. Al minuto 15, Gilberto “Tiba” Sepúlveda sujetó a Juninho dentro del área y el árbitro señaló la pena máxima. No hubo necesidad de revisión en el VAR: la falta fue clara. Antes del cobro, Sebastián Jurado intentó distraer al brasileño con gestos, palabras y esa clásica guerra mental de portero contra cobrador; incluso hubo intercambio de señas antes del disparo. Pero Juninho mantuvo la calma, tomó la pelota, cobró con seguridad al 18’ y puso el 1-0.
Y Pumas no se conformó.
Al 22’, Juninho volvió a aparecer para poner el 2-0 y empezar a marcar el tono de la noche. Luego, al 40’, Robert Morales se apuntó en el marcador tras pase de Uriel Antuna. En menos de un tiempo, Pumas ya ganaba 3-0 y mostraba algo que no se había visto con tanta claridad en este inicio de torneo: hambre, decisión y colmillo para castigar.
Apenas arrancando el segundo tiempo, al 48’, Juninho firmó su triplete y dejó claro que la noche tenía dueño. Juárez descontó un minuto después, al 49’, con gol de José Luis Rodríguez, pero esta vez el golpe no desarmó al equipo. El brasileño fue figura, sí, pero también fue símbolo: de insistencia, de carácter y de esa contundencia que Pumas necesitaba recuperar con urgencia.
Y como si al guion le faltara todavía un cierre redondo, Guillermo “Memote” Martínez apareció al 83’ para poner el quinto. No hay quinto malo, dicen por ahí, y menos cuando llega para sellar una goleada que se necesitaba tanto. Pumas no solo ganó: goleó, respondió y convirtió una noche cargada de dudas en un golpe de ánimo servido con bastante garra.
Porque esto no borra todo lo anterior. El inicio fue complicado y sería ingenuo pensar que una goleada resuelve de golpe todas las dudas. Pero sí cambia el ánimo. Sí permite respirar. Sí le da a Solari material para construir y a la afición una razón para volver a mirar el torneo con otra cara.
Después de dos presentaciones incómodas y un camino que parecía empezar demasiado cuesta arriba, Pumas necesitaba una victoria así: clara, pesada y con autoridad. No una de esas que se defienden con frases hechas, sino una que se sostiene sola desde el marcador y desde la forma en que el equipo aprovechó sus momentos.
Ahora vendrá la Leagues Cup, donde Pumas debutará el martes 4 de agosto ante Charlotte FC, en el Bank of America Stadium. Y aunque todavía falta mucho por demostrar, esta goleada en la frontera deja algo importante: cuando Pumas se acuerda de competir con garra, cuando sus atacantes se conectan y cuando la camiseta vuelve a pesar de la forma correcta, el panorama puede empezar a cambiar.
Por una noche, el polvo quedó atrás. Y Pumas volvió a rugir.
