Mismo día.
Mismo horario.
Mismo escenario.
Mismos participantes.
Pero no la misma instancia.
Pumas le puede ganar 10, 20, 30 juegos consecutivos a los nacidos en Hidalgo (aunque lo nieguen), pero seguirán heridos.
Necesitan sacarse la espina de la zarpa ante el mismo rival sí, pero la instancia tiene que ser la misma…
…una Final de Liga.

A últimas fechas, algo en la mente de la afición azul ha provocado que se «obsesionen» con el equipo unamita.
Y ese «algo», pasa porque los acantonados en La Noria se sienten cómodos de jugar como local en el Pedregal, porque su Capitán es canterano auriazul, pero todo México sabe que es porque los felinos les infringieron su derrota mas humillante en su historia llamada «La Madre de las cruzazuleadas».
La verborrea vertida por la parcialidad azul, provocó que el encuentro actual se calentara de más, debido a una supuesta amenaza de la Barra Orgullo Azul y Oro hacia los hinchas rivales y, afortunadamente no se dió algo para lamentar, ya que esa acción pudo provocar efectos perniciosos.

Se pronosticaba que el partido sacara chispas, por todo lo mencionado y por muchas cosas más, y no decepcionó en lo absoluto.
El juego inició a tambor batiente por parte se la Universidad, y en los primeros minutos se vio reflejado el dominio auriazul, ya que al minuto 10′ Olavio Junior recibió una pared en el primer tercio de cancha y corrió como desquiciado arrastrando el esférico y al llegar al area grande visitante sacó un disparo cruzado que el arquero cafetalero Kevin Mier no logró alcanzar y solo vio como se incrustaba el balón en su red para timbrar el 1-0 para Pumas.

Y no conforme con eso, los locales seguian yéndose al frente y 6 minutos después, Cesar «Chino» Huerta hizo una calca del gol que le metió a los mismos azules en el Estadio Azteca hace 3 años, y con un zurdazo al ángulo superior puso el 2-0 para la UNAM.
El Cruz Azul no sabia que ya llevaban 16 minutos de juego porque no se habían hecho presentes en la cancha del mítico México ’68.

La visita seguia ausente, y el anfitrión quiso aumentar la ventaja, o por lo menos que no le recortaran la existente, pero dos tarjetas rubias convertidas en una grana hacia el autor del 2do gol, fue la invitación para que esa ausencia se evaporara y se hicieran presentes los cementeros.
Y tal fue así, que se acordaron de atacar a 10 hombres ya desubicados.
Al minuto 45′ Agustín Palavecino acortó las distancias para que el descanso fuera mas llevadero, y un 2-1 dió calma.

Algo pasó en el vestidor del Cubil, que Pumas volvió a saltar al cesped con esa voracidad inicial y con un gol de vestidor que Robert «Pantera» Morales se encargó de sacar de la chistera y así poner el 3-1.
Parecía que nuevamente controlaban el partido, pero no fue así.

La defensa del Pedregal empezó a hacer agua, y Bennevendo, Ananías y Duarte solo le veían los numeros a las playeras azules.
Los postes y el travesaño jugaron un papel importantísimo para el partido y el marcador, ya que salvó a Pumas de mas goles de los fabricados, porque un rebote al 65′ le cayó a Andrés Montaño y así recortó nuevamente distancias, un 3-2 que empezaba a bajar fantasmas primaverales.

Pumas se quiso encerrar y fue su calvario, ya que Cruz Azul le empezó a «apedrear» el rancho y Navas no podia hacer todo para cerrar los 25 minutos restantes, era demasiado tiempo y su defensa no le ayudaba mucho.
Aguantó, soportó y hasta la suerte estuvo un rato de su parte, pero Pumas en el pecado llevó la penitencia, y al 85′ cayó.
Osinachi Ebere, un nigeriano aterrizado en México se regresó a Xochimilco con su equipo, con 1 punto y la satisfacción de no perder el «Clasico de la Obsesión» y sobre todo, volver a recordarles y dejar a los locales con ese sabor amargo, muy amargo que tendrán por bastante tiempo en la boca.

Pumas se queda con 13 puntos y solo subió al lugar 12, muy lejos de la liguilla, mientras que Cruz Azul se queda con 17 unidades en el lugar 7 de la tabla, muy lejos de donde estaban hace un semestre estos dos conjuntos.
Los felinos seguirán lamiendose las heridas de mayo, mientras los nativos de Jasso seguirán disfrutando de lo obtenido en Ciudad Universitaria por unos cuantos dias, meses o quizás años más.
